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Oct15
Beatas: localización

¿Cómo son las beatas? Por lo general, son muy fáciles de identificar. Su peinado es muy sencillo hasta que alcanzan la madurez. No suelen usar tintes, ni fijación, como mucho una goma para el pelo y las más atrevidas un gancho de Hello kitty: ante Dios todavía son unas niñas.
Su vestimenta no deja lugar a la imaginación y, en contraposición a las chonis, sólo podemos ver su piel en las manos y en las partes de la cara que no están cubiertas por el pelo y/o las gafas. Existe la leyenda de que son así porque no tienen tetas. Falacia. Las religiosas también tienen pecho. Lo demuestran constantemente porque da la casualidad de que están apuntadas a todas las asociaciones festivas en las que uno se puede vestir con trajes regionales: falleras, clavariesas, baturras… Se ve que sólo pueden enseñar el escote para lucir ese crucifico que tienen incrustado a la piel cuando el de ahí arriba está presente.
Como decíamos, la ropa no es vistosa, pero, no me preguntéis el porqué, es bastante cara. Y es que nuestra chica se mueve por las altas esferas. He aquí el misterio de la santísima Trinidad: ¿Qué hay debajo de la falda de una beata? ¿Por qué su ropa de yaya es tan cara? y ¿Cómo pueden tener tanta pasta si tienen once hijos cada uno? Así que nosotros, que somos unos muertos de hambre, tendremos que echarle morro al asunto.
Como no salen mucho de casa, suelen ser muy blanquitas. Tampoco conocen el significado de la palabra depilación, como mucho se decoloran el bigote, aunque algunas se lo dejan como símbolo de distinción desde el gobierno del tito José Mari. Y algún graciosillo me dirá: ¿cómo las diferenciamos de las góticas? Es cierto que algunas góticas van bien tapaditas, son peludas y son muy pálidas. Sin embargo, pasáis por alto un detalle: las religiosas sólo se maquillan para las procesiones.
Son muy buena gente, demasiado. Así que fruto de la mezcla de esta bondad y de la repulsa que les provocaréis cuando os vean, se mostrarán como unas personas reservadas y delicadas. Nada más lejos de la realidad. Están locas porque alguien las libere del mundo de opresión en el que sus padres les han metido. Si conseguís descorchar la botella, os aseguro que saldrá una espuma con tanta fuerza que no la olvidaréis en la vida.



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